Las últimas mujeres

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Dinero televisivo

Junio 17, 2008 · 1 comentario

Ando mal de dinero. Ya, y quién no, ¿verdad? Sí. Pero yo me quejo de lo mío. Ni el dinero ni el café llueven en el campo, aunque ya podrían. El caso es que esta es temporada de gastos extraordinarios (verano, rebajas, verano, rebajas y un par de viajes) y no sé de dónde voy a sacar los billetes de quinientos. Los juegos de azar no son lo mío, no conozco a ningún hombre que quiera mantenerme (él se lo pierde, por supuesto) y no me he encontrado -nunca- ningún maletín repleto de lingotes de oro. Así que mi única oportunidad de ganar dinero fácil (excluidas quedan las posibilidades de ponerme a trabajar o de vender mi cuerpo) es… ¡participar en concursos de televisión!

Sí, estoy desesperada, es cierto.

Pero… qué sé yo, si voy a la tele nadie tiene por qué enterarse, ¿no? Si lo llevo en secreto-secreto… Nadie sabrá si doy o no pie con bola, si meto la pata, si digo que la capital de Zimbaue es… hmmm, ¿Beirut? ¿Madagascar? Pues eso.

Los programas a los que no me importaría ir son:

Pasabalabra,

Saber y ganar (me he dado cuenta de que el humor absurdo de Jordi Hurtado y Juanjo Cardenal es… bastante parecido al mío)

y La lista.

Si alguien sabe de algún programa en el que se participe por parejas, que lo diga. Repartiremos el botín.

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Grandes series

Junio 3, 2008 · 4 comentarios

Cualquier tiempo pasado fue mejor; al menos por lo que respecta a las series de televisión. De verdad lo creo. Aquí van mis tres favoritas:

Cosas de casa

Antena 3 -y creo que también Canal 9- la ha repuesto mil veces. De hecho, me parece que la siguen echando antes de la segunda edición del telediario. No me importaría volver a verla, entera, de cabo a rabo, pero a esas horas a veces aún ando durmiendo y, bueno, a mi madre no creo que le hiciera mucha gracia.

-¡Pero qué haces?

-Hmmm… Prevenir.

-¿Cómo?

-Para no llegar tarde a las noticias.

- …

 Resulta innegable que Steve Urkel y todos los demás son La Risa. No os miento si os digo que al volver a ver el fragmentito del episodio de las tartas se me han saltado las lágrimas. Sí, mi humor es muy… Es mi humor, che. Y por si a alguien le interesa llevo toda la vida deseando hacer una batalla de tartas. Sólo impongo dos condiciones:

1. Que las tartas no sean de chocolate (no quiero tener que rendirme sólo para comérmelas)

2. No tener que limpiar.

 

El Príncipe de Bel Air, ouh yeah

  

Hilarante. Y sobre todo con el doblaje latino. Nuestra versión del rap, sin embargo, es mucho mejor. No puedo resistir la tentación. Aquí va la segunda parte del capítulo.

(Nota freak: en el doblaje español, cada vez que Will pronuncia el nombre de “Hillary” ésta ha de gritar “¡caca!”, en lugar de ladrar. Lo recuerdo porque éste es uno de mis capítulos favoritos). El final no tiene precio: una buena moraleja, de las que ya no se hacen. Además es muy actual; yo misma debería aplicarme el cuento. 

Mi tercera serie favorita es Malcolm in the middle. Lástima que A3 la tratara tan mal… Los guiones son geniales; los personajes, un poco extremos, sí, pero redondos.  

Bueno, ya acabo.

¿Qué habría sido de nosotros con unos padres así? ;)

Y antes de que os pongáis a divagar: ¿cuáles eran o son vuestras series favoritas?  Por contrastar, y tal.

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Un mundo a tu medida

Junio 1, 2008 · No hay comentarios

No sé si habéis visto el anuncio de Gillette Venus Breeze. Es… es… hm… como todos los anuncios de cuchillas de afeitar: patético. La novedad de este nuevo aparatejo es que gracias a las barras de gel de su lateral ¡no necesitas utilizar otro gel o jabón! Eso es… uf, creo que es lo más revolucionario que se ha inventado desde los Gusiluz. Y no, no es una comparación aleatoria: si querías ir a hacer pis en mitad de la noche no hacía falta que encendieras la luz; ¡bastaba con estrujar la barriga del Gusiluz!

El anuncio en cuestión no he podido encontrarlo en YouTube, pero básicamente se reduce a:

1. Una mujer al volante de un coche pequeñito (porque, claro, si es más grande… ya se sabe)

2. Una voz en off que pregunta: “¿Te imaginas un mundo a tu medida?”

3. Del salpicadero del coche brota un kit completo de maquillaje, con paletas de sombras de ojos, de base, de polvos del sol…¡en fin, de todo! La mujer pone cara de “¡oh, sí, esto sí que es un mundo a mi medida!” y se pinta los labios.

4. En un mundo a tu medida no puede faltar tu cuchilla de afeitar. Te sueltan, así pues, todo el rollo de la Gillette Venus Breeze. Y todo es perfecto, como en los mundos de Yupi.

No sé quién ideo esto, y tampoco me interesa. Bien sabido es, sin embargo, que los anuncios de objetos destinados al uso y disfrute exclusivo de la mujer (véase: cuchillas de afeitar con cabezales con gel, compresas, cremas antienvejecimiento y para lubricar la zona íntima, tampones, detergentes, lejías y creo que ya está) son para llorar, así que supongo que las capacidades de quien lo ideó o quienes lo idearon no daban para un anuncio de Audi ni de Repsol.

Si me hubieran pedido opinión

-¿Oye, María, como sería el mundo a tu medida?

 Probablemente me habría convertido en la portavoz de Mafalda (una de las mujeres, bueno, niñas de las que más podría aprender la humanidad, si le diera la gana), habría divagado y resucitado algunas viejas utopías.

-Eso está muy bien, pero el anuncio dura quince segundos y no podemos malgastarlo, digo, dedicarlo a hablar de la protección de las ballenas ni de lo… ¿cómo era? ¿La ablación del clítoris? Pues eso. Céntrate en el tema, por favor.

-En la depilación, ¿no? Un tema de importancia mundial, tienes razón… Bueno, pues… Un mundo a mi medida sería un mundo en el que no tuviera que depilarme.

-¿Que no tuvieras que depilarte? Ja, ja. ¡Pero eso no puede ser! Ja, ja. ¿Y qué quieres decir? ¿Depilarte por láser o dejarte crecer el vello?

-Entiéndelo como quieras.

 

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El ruso es el mejor

Mayo 25, 2008 · 2 comentarios

Un genio del patinaje artístico, un Stradivarius del siglo XVII y un cantante que, arrodillado en el suelo, lucía pectorales. Estos tres elementos que aparentemente no guardan relación entre sí entusiasmaron a los europeos y determinaron, anoche, que Rusia ganara Eurovisión.

El listón, para qué vamos a engañarnos, no estaba muy alto. Pese a que no vi el festival entero, los resúmenes de las actuaciones me bastaron para reconocer, de entre las 24 canciones, a mis favoritas: Noruega, Dinamarca , Ucrania Inglaterra. La de Rusia me gustó únicamente por una razón: Evgeny Plushenko. Bueno, me gustó, alegró y sorprendió a partes iguales.

Plushenko es El Patinador. Por delante incluso de Brian Joubert. Desde mi punto de vista, claro. Y, sí, el patinaje es el único deporte que puedo afirmar que me gusta de verdad. A Plushenko lo he visto por la 2 conseguir tres mundiales y cuatro europeos, y… En 2006 se lesionó y desde entonces estaba desaparecido. Es lógico que ayer me llevara una alegría al verlo… aunque no fuera sobre el hielo. Así que si los europeos votan en función de afinidades históricas, políticas y geográficas, yo -de haber votado- lo habría hecho exclusivamente por simpatía y admiración hacia el deportista ruso.

Por todo esto no pienso decir nada más de Eurovisión -festival caduco y cada vez menos serio, circo de horrores musicales-, ni del Chikilicuatre ni de las copazas que llevaba entre pecho y espalda el señor Uribarri y de lo viejo verde que es (sólo le faltaba gritar eso de “ay omá qué rica”). Mejor mirad este video de Plushenko, que además de ser El Patinador, como ya he dicho, es todo un hombre espectáculo.

 

 

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Alma de prosa

Mayo 22, 2008 · 4 comentarios

Anoche un amigo me envió un mensaje en el que me decía lo siguiente:

No m exes en kra q to lo prdiste, tb a tu vera yo to lo prdi.bien pagá, si tu ers la bien pagá xq tus bss compre.y a mi t supiste dar x 1puñao d parné. bien pagá, bien pagá. bien pagá fuiste mujé. pon canal9 ;)

Tenía razón aquel que dijo que los amigos no se eligen, aunque si se pudieran elegir, sinceramente, yo no cambiaría a este individuo por ningún otro porque, pese a que es un frikazo que ve Alma de Copla (sí, sí, Alma de Copla), es capaz, con sus ocurrencias, de hacer que brote la carcajada en un momento en el que estaban a punto de extinguirse. Y es que, veréis, el alemán no es, precisamente, el idioma más divertido del mundo, ni el más sencillo, pero sí el que más posibilidades de suspender presenta.

El caso es que le hice caso y vi un ratito Alma de Copla. Sé que algunos habréis puesto el grito en el cielo, “¡¡¡DIosssss!!!” (sobre todo las mujeres con las que comparto este maravilloso blog), pero estaba muy quemada. La televisión, creo, sólo la pongo en momentos realmente críticos, cuando necesito recordarme que hay gente mucho peor que yo, etcétera. Y anoche, aunque me envilecí, pude comprobarlo.  

Pobrecitos. La copla, convendréis conmigo, no es un género de éxito. Tuvo su gran momento, pero pasó. Así que si ya resulta difícil ganarse la vida con la música comercial, imaginaos con la copla. Claro que el público es fiel, pero… Che, es como si yo a estas alturas quisiera ganarme la vida escribiendo tragedias griegas. Sería muy noble, casi heroico por mi parte, pero…  Aunque supongo que si mi pasión fueran las tragedias griegas… iría a por todas. Pues la vocación, al fin y al cabo, es -voy a decir algo muy folclórico- “lo más grande deste mundo”. Pero, en fin, que no, mi situación es grave, pero creo que no estoy en el grupo de los terminales.

Todo esto venía a que… Hay programas para todo: para encontrar la revelación musical del año, para fabricar modelos internacionales en serie, para instruir a actores aspirantes al Goya (jajaja), para sacar a la luz nuevos talentos… Hay programas para todos. Menos para mí. Yo no podría ser cantante (porque canto como un grillo afónico), ni modelo (de tallas grandes, quizás, y tampoco), ni actriz (por mucho que me animárais, chicas, tras mi imitación estelar de Dolors Palau…). Tampoco tengo ningún talento sobrehumano que pueda  atrapar a la audiencia. Pero a mí me gustaría que hubiera un programa… para escritores fracasados, o algo así. Un programita íntimo, en la 2 de TVE, por ejemplo, en el que escritores noveles, desconocidos, anónimos, con pseudónimo, o qué sé yo, pudieran leer sus textos o prestar sus textos para que fueran leídos por otros. Algo muy sencillito, barato, nada descabellado. Sólo un micrófono. Y leer en voz alta. Yo no me presentaría, porque la televisión me aterra, me entraría la risa histérica y todas esas cosas que me pasan cuando hablo para más de cinco personas, pero es una idea que me gusta. No sé, lo echo en falta.       

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Telezattoo

Mayo 12, 2008 · 3 comentarios

Mi profesor de Ética, cuando estaba en el colegio, era cura, psicólogo y, por si eso fuera poco, también el director del centro. Era el hombre más soberbio  que he conocido en mi vida (y digo era porque, bueno, por fortuna a todo cerdo le llega su San Martín, y a él la vida le bajó el ego), además de bastante machista. El resto de curas de mi colegio -considero oportuno aclarar esto- eran todos estupendos, hombres de bien, muy atentos, herederos del verdadero espíritu calasancio. Les encantaba enseñar, con eso lo digo todo. Pero a este hombre, el padre Z., a mí siempre me pareció que no. Lo cierto es que, respecto a él, el colegio estaba dividido: unos le amaban, otros le detestaban. Los primeros manifestaban su afecto, reían sus gracias -sin gracia-, apoyaban sus decisiones, actuaban como perritos falderos. Los segundos eran subordinados que sufrían en silencio.

La cuestión es que un buen día, el padre Z. llegó a clase e hizo la siguiente pregunta: “¿Cuántos televisores tenéis en casa?”. Uno por uno, todos mis compañeros fueron respondiendo. “¡Tres!, ¡Cuatro!, ¡Dos!, ¡Cinco y uno en el cuarto de baño!, ¡Todos tenemos una en nuestra habitación!, ¡Dos!, ¡Tres!”, etcétera. Yo, lo reconozco, estaba sudando. Me habría gustado desaparecer, o ser capaz de mentir, pero siempre se me ha notado en la cara. “Uno”, respondí roja como un tomate, con los ojos fijos en el tablero de mi mesa. Mis compañeros me miraron con compasión (en cuanto salimos al patio pusieron en marcha una colecta cuyos fondos se destinarían a comprarnos tres o cuatro televisores más), el padre Z. se mesó el bigote y yo me quería morir.

De eso hace bastante tiempo y, por fortuna, he conseguido superar el trauma. Pero en casa las cosas siguen por un estilo. Conservamos el televisor pleistocénico  -un Thomson inmeeenso- hasta que a mi padre le regalaron un plasma JVC, hace un año, que está en la sala de estar. Aturdidos, nos sentimos incapaces de deshacernos de ese viejo aparato -entre otras cosas porque funcionaba divinamente, y en veinte años jamás se estropeó; no como los de ahora-, de modo que  se lo dimos a mi primo, para que se lo llevara a su piso de estudiantes.  Y tenemos, también, una televisión minúscula en el salón, que mis padres compraron hace no sé cuánto, que se ha convertido en el objeto de burla de mis amigos cuando vienen a casa. “Total, por lo que la vemos…”, les respondo siempre.

Y es que es cierto, mis padres no fomentaron nunca la cultura televisiva. Eso a lo largo de mi vida ha tenido sus desventajas (podía resultar un tanto excluyente no saber qué había pasado en el último capítulo de Médico de familia) y sus ventajas (demasiadas, como para enumerarlas), pero entiendo que hay mucha gente a la que le gusta la tele y que es capaz de tragarse la programación entera sin que se le indigeste. Para esa gente que desespera cuando todos los televisores de su casa están ocupados y que enloquece cuando su madre empieza a hacer zaping,  tengo una buena noticia: Zattoo.  “TV sin televisor, gratis, cuando quieres y donde quieres”. Quizás, siendo tan televisivos, ya lo conozcan, pero a mí me lo descubrieron hace poco y en cuanto tenga tiempo me pondré a ver el  Deutsche Welle,  a ver si acostumbro el oído y puedo comunicarme con alguien cuando esté en Viena.  

 

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¡Ya era hora!

Mayo 7, 2008 · 2 comentarios

La Comisión Europea (CE) sirve para algo. De verdad. Y esta afirmación se la dedico a todos aquellos que siguen pensando que la Unión Europea no es más que una banderita azul con doce estrellas, con instituciones que elaboran medidas tan surrealistas e ineficaces como podría serlo la abstinencia para prevenir la transmisión y el contagio del Sida. En fin. Hay quien sigue creyéndolo.

La CE, en concreto, es una institución políticamente independiente. Además de muy útil, porque nos ha dado un ultimátum para que reduzcamos la publicidad de nuestra programación televisiva. Lo mejor es que no se han limitado a darnos el ultimátum, sino que también nos han amenazado con denunciarnos ante el Tribunal de Justicia de la UE.

A continuación transcribo un fragmento de la conversación mantenida entre  Viviane Reding, comisaria europea de Sociedad de Información y Medios, y España:

-La semana pasadoh yo estuve en Benidogm. Oh, hegmoso, bonitoh, sí, sí, great. En un hotel de cuaguenta altugas, en pgimega línea, buffet libge, spa, flamencoh, discoh…¡Paela! Con magiscoh, ohh… Fuimos a.. Hmmm, how do you say in spanish funfair? Tega mítica, exactly. Mucho exciting. Después estuvimos con mi maguido pog el pueblo, con los suvenigs, las pictures… Lovely. Y el mag, ohhhh el mag… Yo no he hecho topless antes. Ja, ja, ja… Muy divegtidoh -  Viviane sonríe y posa las manos sobre su vientre. Suspira, evocadora.

-Entonces, ¿no hay ultimátum?- pregunta algún alto cargo español.

-Hm? Ah! Yes, yes. Gacias pog recogdagme. Cuando mi maguido y yo estamos en la habitación, después del baile, no tenemos suenio y vemos el televisión. La Noguia. ¿Puede seg? Ok, La Noguia. Emocionante. Como los togos. De guepente cogtan y ponen spots. Muchos spots. Y mi maguido dice: “Darling, bueno, caguiño, no te paguece que se están pasando” y yo digo “sí, van más de doce minutos”. Y lo… cgonometgamos, sí. Una vegwenza. Paga todos.  Los ciudadanos, los tugistas y todos. Spain tiene que solucionag esto pogque si no yo envió a la Justicia de la UE. Se tiene que podeg veg los pgogamas… En paz, sí. Pego nosotgos nos dogmimos y bye, bye Noguia. Pog eso estoy tan enfadada.  

Ningún español responde.

Desde aquí agradezco a la señora Reding su buena fe. Pero se queda corta. También tendría que haber dado un ultimátum contra la telebasura, la radiobasura y, en general, contra toooda la basura que hay y se hace en España.

 

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