Las últimas mujeres

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Grandes series

Junio 3, 2008 · 4 comentarios

Cualquier tiempo pasado fue mejor; al menos por lo que respecta a las series de televisión. De verdad lo creo. Aquí van mis tres favoritas:

Cosas de casa

Antena 3 -y creo que también Canal 9- la ha repuesto mil veces. De hecho, me parece que la siguen echando antes de la segunda edición del telediario. No me importaría volver a verla, entera, de cabo a rabo, pero a esas horas a veces aún ando durmiendo y, bueno, a mi madre no creo que le hiciera mucha gracia.

-¡Pero qué haces?

-Hmmm… Prevenir.

-¿Cómo?

-Para no llegar tarde a las noticias.

- …

 Resulta innegable que Steve Urkel y todos los demás son La Risa. No os miento si os digo que al volver a ver el fragmentito del episodio de las tartas se me han saltado las lágrimas. Sí, mi humor es muy… Es mi humor, che. Y por si a alguien le interesa llevo toda la vida deseando hacer una batalla de tartas. Sólo impongo dos condiciones:

1. Que las tartas no sean de chocolate (no quiero tener que rendirme sólo para comérmelas)

2. No tener que limpiar.

 

El Príncipe de Bel Air, ouh yeah

  

Hilarante. Y sobre todo con el doblaje latino. Nuestra versión del rap, sin embargo, es mucho mejor. No puedo resistir la tentación. Aquí va la segunda parte del capítulo.

(Nota freak: en el doblaje español, cada vez que Will pronuncia el nombre de “Hillary” ésta ha de gritar “¡caca!”, en lugar de ladrar. Lo recuerdo porque éste es uno de mis capítulos favoritos). El final no tiene precio: una buena moraleja, de las que ya no se hacen. Además es muy actual; yo misma debería aplicarme el cuento. 

Mi tercera serie favorita es Malcolm in the middle. Lástima que A3 la tratara tan mal… Los guiones son geniales; los personajes, un poco extremos, sí, pero redondos.  

Bueno, ya acabo.

¿Qué habría sido de nosotros con unos padres así? ;)

Y antes de que os pongáis a divagar: ¿cuáles eran o son vuestras series favoritas?  Por contrastar, y tal.

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Que se jubilen

Junio 2, 2008 · 4 comentarios

La edad y la experiencia van siempre, salvo en algún caso paradigmático, cogidas de la mano. Las nuevas generaciones poco tenemos que hacer contra un modelo que tiende a perpetuarse, o eso creo. Si tu experiencia laboral no es mayor de tres años, ni te molestes en echar el currículum en tal o cual despacho, redacción, banco o incluso tienda de Zara. Si no tienes el carné de coche desde hace más de… no sé exactamente cuánto, no pudes alquilar uno porque seguro que lo estampas.  Pero si nadie te da una primera oportunidad, ¿cómo demonios…? En fin, eso está ya muy hablado.

Estoy a favor de las “caras de siempre”, de los que creen que aún pueden ser útiles precisamente por eso, por la experiencia, la sabiduría que acaba confiriendo el tiempo y la memoria; pero a veces, en algunos casos, hay que saber retirarse a tiempo y dejar paso a las “caras nuevas”, caras de gente que empieza con ilusión, con más o menos talento, con ideas, sencillamente con más fuerza.

Hay dos personas en concreto que deberían tomar nota:

Carmen Sevilla. Entiendo que después de tantos años en la pantalla de la caja tonta  ha de ser duro desaparecer… pero, ¡por dios!, ya está bien.  Me apena que aparezca cada sábado por la tarde, enjoyada y empingorotada, y que luzca un palmito que ya está muy mustio. Me apena también su desgastado “shiquisho” y el pinganillo por el que el realizador le chiva las frases que se le van olvidando. Me saca de quicio, la pobre. Ha perdido el salero, sintiéndolo mucho. Si fuera mi abuela le pediría por favor que lo dejara, por su propio bien y por el de todos. Le buscaría un grupo de amigas marchosas con las que salir a merendar por las tardes.

Manuel Fraga. A este hombre alguien tendría que regalarle una boina, un parchís y una botellita de anís para que se entretuviera y dejara de una vez por todas de meterse donde ya nadie le llama.  

Y vosotros, ¿qué pensáis? ¿Quién estaría mejor sentadito en un banco del parque dando mollitas de pan a las palomas? ¿Quién debería dejar de figurar e ir al colegio a recoger a sus nietos? ¿A quién le regalaríais un viaje de ida a cualquier sitio lejos de aquí? ¿De quién preferiríais no volver a saber nada?

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En el banquillo

Mayo 28, 2008 · 4 comentarios

Federico Jiménez Losantos se ha sentado en el banquillo -por fin- acusado de injurias al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. El locutor, además de insultar a Gallardón (”traidor, bandido, farsante redomado y lacayo de la oposición”), proclamó por las ondas que el alcalde no quería que se investigase a fondo el 11-M ( ”Lo repito, alcaldín, 200 muertos, 1.500 heridos y un golpe brutal para echar a tu partido del Gobierno. Te da igual, Gallardón, con tal de llegar tú al poder”). Gallardón hasta ese día jamás -o eso dice- había sentido la necesidad de querellarse con nadie (buena forma de empezar, alcalde). Jiménez Losantos, que se enfrenta a una multa de 72 000 euros, citó a Esperanza Aguirre y a Ángel Acebes como testigos, pero éstos no han querido mojarse.

Y yo digo: ¡ya era hora, che!

El tito FedeJiménez Losantos perdió el norte hace tiempo. Propenso a los extremos, un día elogia y ensalza y al otro, denosta, desprestigia y humilla. Ah, y crispa y manipula a los radioyentes. Una mañana tras otra, de seis a doce hace alarde de “todo lo que no tienes que hacer -ni puedes hacer- si quieres ser un buen periodista”.  Si al menos tuviera la voz bonita… ¡pero qué va! Mucho me temo, sin embargo, que él se ríe de los 72 000 euros (con el sueldazo que le pagan…), así que volverá a la carga, inmune, más exaltado si cabe, autoerigido mártir, gurú y portavoz de la derecha española.  Lo peor de todo y más increíble es, sin duda, que desde la Conferencia Episcopal se lo siguen consintiendo.  

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La crisis inmobiliaria

Mayo 17, 2008 · 2 comentarios

¿Que ocurre con esto de la crisis económica? ¿Se deja notar en todos los sectores de la economía? Yo creo que sí. Además aumentan las trampas y los “trapicheos”. Todas las empresas han de salir adelante sea como sea y utilizando incluso las tácticas más sucias. Las que no estén dispuestas a entrar en este juego posiblemente caerán en la quiebra en estos momentos de crisis. Un ejemplo de empresa hundida en la quiebra en la Comunidad Valenciana es la inmobiliaria Llanera. Las causas de esta quiebra son proyectos muy arriesgados en los que tenía mucho peso la recalificación de terrenos y los grandes planes de futuro improvisados.

Sin embargo, en el terreno de la construcción, tanto pública como privada, las trampas se suceden desde hace mucho tiempo. Empezando por las constructoras y acabando por proveedores que suministran los materiales. En este terreno todos intentan engañar para obtener su beneficio y reducir los costes. Y los que no, se desentienden para no tener disputas. Lo mejor es tener un día de trabajo tranquilo y placentero e irse a casa sin el menor estrés ni la menor preocupación.

Los camiones de hormigón llevan menos kilos de este material del que se ha pactado y pagado, las personas que comprueban el estado del material pasan por alto niveles en sus probetas que no son para nada admisibles, las pruebas de resistencia tienen poco valor si se hacen los sábados y la calidad de los materiales deja mucho que desear. Nadie quiere, por lo general, molestarse en hacer todas las comprobaciones que se supone debería hacer, por que suponen una “pérdida de tiempo” o por que no les merece la pena discutir con alguien y alterarse pudiendo tener una apacible jornada de trabajo. Sin embargo, yo me pregunto, cómo no hay más casas o puentes que se derrumben y estoy a gradecida de que el azar y la suerte esten de nuestro lado. También me sorprende que la responsabilidad compartida de crear cualquier construcción no pese en la conciencia de los que estafan o de los que lo saben y lo pasan por alto. Y en última instancia me indignan las pérdidas que nos reporta a todos los fraudes en el mundo de la construcción, por lo menos en la pública. Claro, no hay nada que no se pueda arreglar con una comida de negocios, un puro, una copa y quien sabe si algún regalo más.

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De > quiero ser…

Mayo 2, 2008 · 4 comentarios

A) Jefe de las células del cuerpo humano, explorador, presentador del Babalà, abogado, actor, escritor de novelas románticas. Esas fueron las respuestas que dio a la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” a lo largo de su infancia y adolescencia. Tampoco fueron muchas. Lo de ser como Corín Tellado o Barbara Wood se le metió en la cabeza y pese a que el género -el de la novela romántica- era y es el más vendido en España y en tantos otros países, aunque sea una especie de fantasma que todo el mundo sabe que está ahí pero del que nadie habla, a sus padres no les hizo ninguna gracia. “Búscate una profesión sería”, le decían. Quizás si hubiera dicho “escritor de novela negra o de ciencia ficción” les habría entusiasmado la idea; ¡pero de novela romántica! Ya se imaginaban -horrorizados- a su único hijo, con unos cuantos años más, ataviado con una boa de plumas y los labios pintados, bailando al son de Rafaella Carrà.

 

B) -¿Ya sabes qué vas a hacer? -le preguntaba su mejor amiga.

-Me voy a meter en periodismo.

-¿¿Y eso?? ¿Pero no querías/

-De alguna forma tendré que pagar la hipoteca.

-Ja, ja… Bueno, ojalá sea lo mejor para ti.

-Sí… Yo creo que lo será. Ahora sólo falta que me llegue la nota.

-Te llegará.

 

C) Habría sido mejor que no le llegara la nota. Lo piensa cada día. Y en especial ahora, cuando se le avecinan exámenes de asignaturas que ni siquiera sabía que estaba cursando.  Se sorprende a sí mismo cada vez que se da cuenta de que, pese a todo, por una especie de inercia o de incapacidad para decidir, sólo le queda un año. Un año. ¿Y entonces qué?

-Odio el periodismo. Con todas mis fuerzas.

-¡Pero si estás acabando cuarto!

-¿Y qué?

-Pues que… Supongo que acabarás dedicándote a ello.

-No. Me montaré un bar o sangraré a mis padres hasta que muera.

-Ja, ja… ¿Y lo de vivir del cuento?

-Lo compaginaré con lo otro. 

-Ah… Pues fíjate que yo creía que te gustaba un poco…

-En absoluto. Además… Toma, lee -y le tendió un periódico.

 

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mujer vs. Mujer

Abril 26, 2008 · 1 comentario

Las revistas de mujer deberían prohibirse. Al menos aquellas en las que no aparecen morenazos desnudos. Es decir, todas. Porque lo gracioso es que en las revistas de mujer los morenazos no aparecen por ninguna parte, ni los rubios, ni tampoco los pelirrojos. En las mal llamadas revistas de mujer aparecen, por muy paradójico que resulte, mujeres desnudas. ¿Y para qué? ¿Por qué? Para hacérnoslo pasar mal a las lectoras terrícolas, por supuesto. ¡Las comparaciones son odiosas! En las revistas de mujer es la mujer quien asesora, recomienda, aconseja. ¿Con qué fin? ¿Gustarte a ti misma? ¡Qué va! ¡Para gustarle a Él! Es la mujer la que critica a otras mujeres, la que las destripa, opina sobre ellas y juzga sus actos, su forma de pensar o simplemente de andar por la calle. Las revistas de mujeres están escritas por mujeres-lobo, mujeres atrofiadas, abnegadas y machistas que sólo buscan contagiar al resto del género con su simplicidad y convencer de que el patriarcado y el dominio fálico deben prevalecer. Por los siglos de los siglos. Lo peor de todo es que lo hacen tremendamente bien. Cuando acabas de ojearla, leerla o memorizarla eres una mujer nueva: subyugada, acomplejada y muerta del asco, a la que urge huir de sí misma. El público objetivo de esas harpías y de sus chulos, son las mujeres débiles emocional e intelectualmente que al cerrar la revista son plenamente conscientes de sus carencias, de sus excesos, de sus imperdonables defectos, de lo insulso y aburrido de su vida.  Mujeres como tú. Y como yo. Todas queremos huir de nosotras mismas. Huir, huir, huir, huir. Y para eso hay que reordenar las prioridades.

En la cima de la jerarquía está mi aspecto. Tengo que velar por mi piel y prevenir la llegada de las arrugas que aún no tengo. La perfección pasa por un fondo de maquillaje Lancôme, unas pestañas telescópicas, unos labios al rojo vivo y un poco de Chanel Mademoiselle. Necesarias son la depilación total por láser, unas extensiones de cabello natural como las de Eva Longoria, un blanqueamiento dental, un peeling químico -aunque no sepa qué mierdas es- y diez uñas postizas. En el exilio han quedado la celulitis, las hipotéticas varices, las estrías, las pecas, los granos y las manchas. He de ir de excursión al quirófano tantas veces como sea necesario, pero con la mentalidad de que no es una opera-ción sino una inversión a corto plazo. Con mi cuerpo también puedo especular. Así, y sólo así,  conseguiré

  • que mi marido aún me desee
  • que si mi novio me pone los cuernos no sea porque yo no estoy lo suficientemente buena, sino porque es ciego, además de gilipollas
  • ligarme a Olivier Martinez
  • en defecto de lo anterior, encontrar un chico bueno, dulce y cariñoso que guste a mi familia.

El siguiente paso para huir de mí misma es ir a la moda. Mi armario y todo lo que hay dentro se lo llevan los del rastro. Prescindo de medio cuarto de baño para montarme un vestidor. Consigo las prendas de la temporada por Internet o con la impagable ayuda de un asesor de imagen. Como las modelos, actrices y famosas, estoy sexy las veinticuatro horas del día y llevo en el bolso barritas de muesli. Visto cómoda pero sensual, sofisticada aunque sencilla, urbana y hollywoodiense, un poco a lo Audrey Hepburn, un poco a lo Kate Moss. Soy, en fin, una mujer distinta.

 Adiós al tabaco. Alcohol, cafeína y kebabs sustituidos por la soja, la potomanía y las malas hierbas. Lo logro en tiempo récord porque estamos en abril y ya hay debería haber empezado -hace tiempo- con los prolegómenos de la dieta del bikini.

Abandono mi casa, tan pequeña y neutra, para mudarme a un loft madrileño. Lo decoro en plan minimalista -nada de Ikea- y los baños se los encargo a Porcelanosa. Una vez logrado eso, celebro una fiesta de inauguración; pero como las mujeres, ya se sabe, somos competitivas, cínicas, envidiosas y manipuladoras, no invito a ninguna de mis amigas.

 No me olvido, pese al ajetreo diario de mi vida, de tomarme la píldora anticonceptiva y tampoco de cultivar mi espíritu con la ayuda inestimable de Paulo Coelho, sabio y profeta de nuestro tiempo.

Falta algo, sin embargo, para huir totalmente de mí misma: corregir y mejorar mi conducta y mi personalidad. ¿Cómo? Mediante una terapia innovadora que me proponen mis amigas de la revista: la grafoterapia. Como la escritura manuscrita refleja nuestra realidad psicológica, emocional y fisiológica, lo que se consigue mediante la grafoterapia es reeducar la escritura de aquellas letras que no sean del todo claras o legibles. Si soy capaz de corregir eso, mejoraré mi conducta y mi personalidad. Mucho trabajo por hacer; no hay tiempo que perder. Necesito acabar cuanto antes con mi terrible conflicto interior y poder gustar a los demás, digo, a mí misma.

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El Día del Libro

Abril 23, 2008 · No hay comentarios

Hoy conmemoramos la muerte de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega -del que, pobre, siempre solemos olvidarnos- con una cita ineludible: el Día internacional del Libro.

Los libreros se frotan las manos como el señor Grandet, preparados para vender los ejemplares que no vendieron durante el resto del año. Los escritores cargan sus plumas de tinta -como Jesse James de letras- y guardan cartuchos de reserva en los bolsillos de sus americanas, mientras inventan dedicatorias con las que estampar, una tras otra, novelas que acumulaban polvo y que los lectores han tenido por bien desenterrar hoy.  Las mujeres reciben una rosa en un envoltorio de celofán -tradición importada-, y los periódicos tienen un buen pretexto para escribir en la sección de cultura.  Porque hoy es el Día Internacional del Libro.

Mañana, llegarán los datos y las estadísticas, y si son insuficientes  los pensadores del Ministerio echarán el actual plan de fomento de la lectura a la papelera de reciclaje y crearán uno nuevo con el fin de convencernos de que “leer es bueno” o de que “los libros son nuestros amigos”. Y cuando vuelvan a revisar los datos se darán cuenta de que sus esfuerzos son vanos. Porque la única forma de fomentar la lectura es, parafraseando a Alessandro Baricco, “compartir la pasión”, contagiarla. Y punto.

Hoy es el Día Internacional del Libro  y conmemoramos la muerte de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso comprando best-sellers y regalando rosas, en lugar de guardando un minuto de silencio y leyendo en la intimidad una página de alguna de sus obras, antes de acostarnos.  

 

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