Las últimas mujeres

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Hotel Rwanda

Junio 22, 2008 · 2 comentarios

-¿Has visto Hotel Rwanda?

-Sí, está muy bien. Pero es muy triste. Mejor no la veas.

Cuando alguien me dice que una película “está muy bien”, suelo verla. Pero si me dice que “es muy triste”, la veo de cabeza. Me gustan los dramas, sí. Y anoche, especialmente, me apetecía hundirme en la miseria.

Me preparé la cena y me la comí mientras veía “Paraísos cercanos”, un programa que echan en la 2 y que es obligado para todos aquellos que amamos viajar. Ayer en concreto nos acercaban a Irlanda. Me puse de buen humor. Hace años pasé un mes allí, aunque he de reconocer que no lo recordaba tan bonito. Pensé mucho también en mi amigo B. mientras veía el reportaje, porque B. ha estado de Erasmus en Dublín y ha regresado hace poco.

Acabé de cenar, recogí, metí todo en el lavaplatos, cogí un bote de helado de tres chocolates y volví a la sala de estar.

Hotel Rwanda

No comí más de diez cucharadas (quizás a alguien le parezca un abuso, pero para mí diez cucarachas de helado equivalen a los entrantes de una cena, o sea, a casi nada) porque, literalmente, no podía tragar. Se me fueron las ganas. Mezclar dulce con salado no es… Tristeza, sí, pero sobre todo mucho asco y rabia. Sufrí una crisis de clínexs.

-Jolín, chica, pues sí que eres de lágrima fácil; sólo es una peli… -pensará alguien.

Soy de lágrima fácil, lo reconozco. Pero Hotel Rwanda no es “sólo una peli”.  Hotel Rwanda gira en torno a un edificio (el hotel Mille Collines, propiedad de las aerolíneas belgas “Sabena”), a las personas que lo ocupan y a las relaciones entre ellas. A unas horas de la firma de un convenio de paz entre hutus y tutsis -respaldado por la ONU- en el Hotel Mille Collines (Kigali, Ruanda), cuyo gerente es Paul Rusesabagina (Don Cheadle), pequeños acontecimientos empiezan a perturbar la cotidianeidad del país. Soldados hutus instigan por radio a “erradicar la invasión asesina de los tutsis”. Paul Rusesabagina es hutu, respetado por su generosidad, su carisma y los contactos que tiene, se ve involucrado en el transcurso de los acontecimientos cuando amenazan a su mujer tutsi (Sophie Okonedo), a sus hijos y vecinos con la muerte. Logra sortear los primeros obstáculos mediante el soborno, con la esperanza de que las fuerzas internacionales lleguen para evitar la guerra civil. Sin embargo, la situación empeora. Tras el asesinato del presidente ruandés, comienzan las matanzas indiscriminadas de tutsis a manos de los soldados y ciudadanos hutus. Paul logra proteger a los suyos en el hotel, al que empiezan a llegar cientos de personas pidiendo auxilio. Mientras un joven cámara, reportero de la BBC (Joaquin Phoenix), graba imágenes de los exteriores del hotel (que se emitirán en las televisiones de los países ricos y que, paradójicamente, no servirán para nada) y Paul hace uso de todos los recursos y sobornos posibles para mantener con vida a los tutsis refugiados en el hotel, las fuerzas internacionales llegan a Ruanda sólo para evacuar a los ciudadanos blancos y devolverlos a sus países de origen. No van a intervenir, Ruanda importa un carajo a los blancos. Paul, armado de coraje, con la ayuda del coronel Oliver (Nick Nolte) de la ONU -defraudado por el comportamiento internacional-, logrará cobijar y proteger primero, y salvar después, la vida de casi mil personas que confiaron en él. Se compromete consigo mismo para proteger a su mujer tutsi, Tatiana, a sus hijos y a los vecinos tutsis que, atemorizados y amenazados, llegan al hotel pidiendo auxilio y protección, cuando las fuerzas internacionales no ofrecen intervención ni ayuda a los perseguidos.

Hotel Rwanda es, en fin, un homenaje a un hombre bueno (Paul Rusesabagina) y a las víctimas de un genocidio, el más rápido y sangriento de la historia moderna, al que el primer mundo -de mierda- dio la espalda, como suele hacer, una vez más. 

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Un mundo a tu medida

Junio 1, 2008 · No hay comentarios

No sé si habéis visto el anuncio de Gillette Venus Breeze. Es… es… hm… como todos los anuncios de cuchillas de afeitar: patético. La novedad de este nuevo aparatejo es que gracias a las barras de gel de su lateral ¡no necesitas utilizar otro gel o jabón! Eso es… uf, creo que es lo más revolucionario que se ha inventado desde los Gusiluz. Y no, no es una comparación aleatoria: si querías ir a hacer pis en mitad de la noche no hacía falta que encendieras la luz; ¡bastaba con estrujar la barriga del Gusiluz!

El anuncio en cuestión no he podido encontrarlo en YouTube, pero básicamente se reduce a:

1. Una mujer al volante de un coche pequeñito (porque, claro, si es más grande… ya se sabe)

2. Una voz en off que pregunta: “¿Te imaginas un mundo a tu medida?”

3. Del salpicadero del coche brota un kit completo de maquillaje, con paletas de sombras de ojos, de base, de polvos del sol…¡en fin, de todo! La mujer pone cara de “¡oh, sí, esto sí que es un mundo a mi medida!” y se pinta los labios.

4. En un mundo a tu medida no puede faltar tu cuchilla de afeitar. Te sueltan, así pues, todo el rollo de la Gillette Venus Breeze. Y todo es perfecto, como en los mundos de Yupi.

No sé quién ideo esto, y tampoco me interesa. Bien sabido es, sin embargo, que los anuncios de objetos destinados al uso y disfrute exclusivo de la mujer (véase: cuchillas de afeitar con cabezales con gel, compresas, cremas antienvejecimiento y para lubricar la zona íntima, tampones, detergentes, lejías y creo que ya está) son para llorar, así que supongo que las capacidades de quien lo ideó o quienes lo idearon no daban para un anuncio de Audi ni de Repsol.

Si me hubieran pedido opinión

-¿Oye, María, como sería el mundo a tu medida?

 Probablemente me habría convertido en la portavoz de Mafalda (una de las mujeres, bueno, niñas de las que más podría aprender la humanidad, si le diera la gana), habría divagado y resucitado algunas viejas utopías.

-Eso está muy bien, pero el anuncio dura quince segundos y no podemos malgastarlo, digo, dedicarlo a hablar de la protección de las ballenas ni de lo… ¿cómo era? ¿La ablación del clítoris? Pues eso. Céntrate en el tema, por favor.

-En la depilación, ¿no? Un tema de importancia mundial, tienes razón… Bueno, pues… Un mundo a mi medida sería un mundo en el que no tuviera que depilarme.

-¿Que no tuvieras que depilarte? Ja, ja. ¡Pero eso no puede ser! Ja, ja. ¿Y qué quieres decir? ¿Depilarte por láser o dejarte crecer el vello?

-Entiéndelo como quieras.

 

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mujer vs. Mujer

Abril 26, 2008 · 1 comentario

Las revistas de mujer deberían prohibirse. Al menos aquellas en las que no aparecen morenazos desnudos. Es decir, todas. Porque lo gracioso es que en las revistas de mujer los morenazos no aparecen por ninguna parte, ni los rubios, ni tampoco los pelirrojos. En las mal llamadas revistas de mujer aparecen, por muy paradójico que resulte, mujeres desnudas. ¿Y para qué? ¿Por qué? Para hacérnoslo pasar mal a las lectoras terrícolas, por supuesto. ¡Las comparaciones son odiosas! En las revistas de mujer es la mujer quien asesora, recomienda, aconseja. ¿Con qué fin? ¿Gustarte a ti misma? ¡Qué va! ¡Para gustarle a Él! Es la mujer la que critica a otras mujeres, la que las destripa, opina sobre ellas y juzga sus actos, su forma de pensar o simplemente de andar por la calle. Las revistas de mujeres están escritas por mujeres-lobo, mujeres atrofiadas, abnegadas y machistas que sólo buscan contagiar al resto del género con su simplicidad y convencer de que el patriarcado y el dominio fálico deben prevalecer. Por los siglos de los siglos. Lo peor de todo es que lo hacen tremendamente bien. Cuando acabas de ojearla, leerla o memorizarla eres una mujer nueva: subyugada, acomplejada y muerta del asco, a la que urge huir de sí misma. El público objetivo de esas harpías y de sus chulos, son las mujeres débiles emocional e intelectualmente que al cerrar la revista son plenamente conscientes de sus carencias, de sus excesos, de sus imperdonables defectos, de lo insulso y aburrido de su vida.  Mujeres como tú. Y como yo. Todas queremos huir de nosotras mismas. Huir, huir, huir, huir. Y para eso hay que reordenar las prioridades.

En la cima de la jerarquía está mi aspecto. Tengo que velar por mi piel y prevenir la llegada de las arrugas que aún no tengo. La perfección pasa por un fondo de maquillaje Lancôme, unas pestañas telescópicas, unos labios al rojo vivo y un poco de Chanel Mademoiselle. Necesarias son la depilación total por láser, unas extensiones de cabello natural como las de Eva Longoria, un blanqueamiento dental, un peeling químico -aunque no sepa qué mierdas es- y diez uñas postizas. En el exilio han quedado la celulitis, las hipotéticas varices, las estrías, las pecas, los granos y las manchas. He de ir de excursión al quirófano tantas veces como sea necesario, pero con la mentalidad de que no es una opera-ción sino una inversión a corto plazo. Con mi cuerpo también puedo especular. Así, y sólo así,  conseguiré

  • que mi marido aún me desee
  • que si mi novio me pone los cuernos no sea porque yo no estoy lo suficientemente buena, sino porque es ciego, además de gilipollas
  • ligarme a Olivier Martinez
  • en defecto de lo anterior, encontrar un chico bueno, dulce y cariñoso que guste a mi familia.

El siguiente paso para huir de mí misma es ir a la moda. Mi armario y todo lo que hay dentro se lo llevan los del rastro. Prescindo de medio cuarto de baño para montarme un vestidor. Consigo las prendas de la temporada por Internet o con la impagable ayuda de un asesor de imagen. Como las modelos, actrices y famosas, estoy sexy las veinticuatro horas del día y llevo en el bolso barritas de muesli. Visto cómoda pero sensual, sofisticada aunque sencilla, urbana y hollywoodiense, un poco a lo Audrey Hepburn, un poco a lo Kate Moss. Soy, en fin, una mujer distinta.

 Adiós al tabaco. Alcohol, cafeína y kebabs sustituidos por la soja, la potomanía y las malas hierbas. Lo logro en tiempo récord porque estamos en abril y ya hay debería haber empezado -hace tiempo- con los prolegómenos de la dieta del bikini.

Abandono mi casa, tan pequeña y neutra, para mudarme a un loft madrileño. Lo decoro en plan minimalista -nada de Ikea- y los baños se los encargo a Porcelanosa. Una vez logrado eso, celebro una fiesta de inauguración; pero como las mujeres, ya se sabe, somos competitivas, cínicas, envidiosas y manipuladoras, no invito a ninguna de mis amigas.

 No me olvido, pese al ajetreo diario de mi vida, de tomarme la píldora anticonceptiva y tampoco de cultivar mi espíritu con la ayuda inestimable de Paulo Coelho, sabio y profeta de nuestro tiempo.

Falta algo, sin embargo, para huir totalmente de mí misma: corregir y mejorar mi conducta y mi personalidad. ¿Cómo? Mediante una terapia innovadora que me proponen mis amigas de la revista: la grafoterapia. Como la escritura manuscrita refleja nuestra realidad psicológica, emocional y fisiológica, lo que se consigue mediante la grafoterapia es reeducar la escritura de aquellas letras que no sean del todo claras o legibles. Si soy capaz de corregir eso, mejoraré mi conducta y mi personalidad. Mucho trabajo por hacer; no hay tiempo que perder. Necesito acabar cuanto antes con mi terrible conflicto interior y poder gustar a los demás, digo, a mí misma.

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