-¿Has visto Hotel Rwanda?
-Sí, está muy bien. Pero es muy triste. Mejor no la veas.
Cuando alguien me dice que una película “está muy bien”, suelo verla. Pero si me dice que “es muy triste”, la veo de cabeza. Me gustan los dramas, sí. Y anoche, especialmente, me apetecía hundirme en la miseria.
Me preparé la cena y me la comí mientras veía “Paraísos cercanos”, un programa que echan en la 2 y que es obligado para todos aquellos que amamos viajar. Ayer en concreto nos acercaban a Irlanda. Me puse de buen humor. Hace años pasé un mes allí, aunque he de reconocer que no lo recordaba tan bonito. Pensé mucho también en mi amigo B. mientras veía el reportaje, porque B. ha estado de Erasmus en Dublín y ha regresado hace poco.
Acabé de cenar, recogí, metí todo en el lavaplatos, cogí un bote de helado de tres chocolates y volví a la sala de estar.
Hotel Rwanda
No comí más de diez cucharadas (quizás a alguien le parezca un abuso, pero para mí diez cucarachas de helado equivalen a los entrantes de una cena, o sea, a casi nada) porque, literalmente, no podía tragar. Se me fueron las ganas. Mezclar dulce con salado no es… Tristeza, sí, pero sobre todo mucho asco y rabia. Sufrí una crisis de clínexs.
-Jolín, chica, pues sí que eres de lágrima fácil; sólo es una peli… -pensará alguien.
Soy de lágrima fácil, lo reconozco. Pero Hotel Rwanda no es “sólo una peli”. Hotel Rwanda gira en torno a un edificio (el hotel Mille Collines, propiedad de las aerolíneas belgas “Sabena”), a las personas que lo ocupan y a las relaciones entre ellas. A unas horas de la firma de un convenio de paz entre hutus y tutsis -respaldado por la ONU- en el Hotel Mille Collines (Kigali, Ruanda), cuyo gerente es Paul Rusesabagina (Don Cheadle), pequeños acontecimientos empiezan a perturbar la cotidianeidad del país. Soldados hutus instigan por radio a “erradicar la invasión asesina de los tutsis”. Paul Rusesabagina es hutu, respetado por su generosidad, su carisma y los contactos que tiene, se ve involucrado en el transcurso de los acontecimientos cuando amenazan a su mujer tutsi (Sophie Okonedo), a sus hijos y vecinos con la muerte. Logra sortear los primeros obstáculos mediante el soborno, con la esperanza de que las fuerzas internacionales lleguen para evitar la guerra civil. Sin embargo, la situación empeora. Tras el asesinato del presidente ruandés, comienzan las matanzas indiscriminadas de tutsis a manos de los soldados y ciudadanos hutus. Paul logra proteger a los suyos en el hotel, al que empiezan a llegar cientos de personas pidiendo auxilio. Mientras un joven cámara, reportero de la BBC (Joaquin Phoenix), graba imágenes de los exteriores del hotel (que se emitirán en las televisiones de los países ricos y que, paradójicamente, no servirán para nada) y Paul hace uso de todos los recursos y sobornos posibles para mantener con vida a los tutsis refugiados en el hotel, las fuerzas internacionales llegan a Ruanda sólo para evacuar a los ciudadanos blancos y devolverlos a sus países de origen. No van a intervenir, Ruanda importa un carajo a los blancos. Paul, armado de coraje, con la ayuda del coronel Oliver (Nick Nolte) de la ONU -defraudado por el comportamiento internacional-, logrará cobijar y proteger primero, y salvar después, la vida de casi mil personas que confiaron en él. Se compromete consigo mismo para proteger a su mujer tutsi, Tatiana, a sus hijos y a los vecinos tutsis que, atemorizados y amenazados, llegan al hotel pidiendo auxilio y protección, cuando las fuerzas internacionales no ofrecen intervención ni ayuda a los perseguidos.
Hotel Rwanda es, en fin, un homenaje a un hombre bueno (Paul Rusesabagina) y a las víctimas de un genocidio, el más rápido y sangriento de la historia moderna, al que el primer mundo -de mierda- dio la espalda, como suele hacer, una vez más.






