Las últimas mujeres

¡Otra de tequila!

Abril 28, 2008 · 1 comentario

Cuando esa legendaria banda hispano-argentina llegó a este país -hablamos de los primeros años de la democracia- con su rock fresco, desinhibido, descarado y en español -o sea, inteligible y, por lo tanto,cantable para la mayoría de españolitos, que no alcanzaban a balbucear más allá de “guan, tu, fri “, más o menos como ahora, en fin- ninguna de nosotras estábamos todavía en el mundo. Por algo somos Las últimas mujeres, che.  Los Tequila lograron lo imposible: que España, un país cohibido y con el oído tristemente acostumbrado a las cantaoras afectas al régimen, se soltara la melena, diera saltos y coreara sus letras. Bueno, quizás exagero y eso sólo fue cosa de los jóvenes. Pero y qué. Tequila triunfó y, a la vez, realizó una gran labor social: espabiló a nuestros padres, a los amigos de nuestros padres y a toda una generación que aún guardaba luto por el traumático adiós de los Beatles. Seis años después, cansados y con el cerebro seco a causa de las drogas -factor ineludible para toda banda de rock que se precie, o eso dicen-, se separaron.

Y a finales de los ochenta nacimos nosotras, que por ser las últimas no llegamos a tiempo de verlos tocar rock and roll en la plaza del pueblo.  O, bueno, quizás sí, pero no en directo. Tuvimos contacto con Tequila (con el grupo; el líquido vino después, con curiosas consecuencias) sin saber que se trataba de ellos. Cantamos aquello de

Hey, no me digas nadaaaa,
lo veo todo en tu mirada,
estás… intentando irte
y yo deseo conseguirte [...]

 como quien al hablar emplea palabras cuyo significado desconoce.

Después supimos de la existencia por separado de Alejo Stivel, en su faceta de famoso productor, y de Ariel Rot, hermano de la hermosa Cecilia y reactivo de Los Rodríguez -otro grupo histórico- junto con Andrés Calamaro. Y con toda esa información atamos cabos y supimos de una vez por todas quiénes eran los Tequila y a qué se dedicaban.

Y ahora, después de veinticinco años, vuelven. Porque andan mal de pasta, porque ya no ligan nada o sencillamente porque sienten nostalgia de los viejos tiempos de gloria. Qué más dará

 A los hijos del rock and roll, ¡bienvenidos!

 

 

 

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