Las últimas mujeres

La felicidad nos cabe en el bolsillo

Abril 27, 2008 · No hay comentarios

Alguien en algún tiempo se inventó que todo debía tener un final feliz; no lo preguntó y ni si quiera nadie fue capaz de rebatirle. El ser humano concibe las cosas según ciclos que deben terminar felizmente, todo lo que queda en el aire deja al ser humano inacabado, con ansias por conocer qué, cuándo y cómo sucederá.

 

El cine americano pues, siempre ha sabido plasmar a la perfección esta especie de mundo fantástico en el que todo está preparado al milímetro, pensemos en las bodas… las bodas americanas son magníficas, no falta ni un detalle…y los novios cumplen el papel según el guión, vamos que dicen la frase adecuada en el momento oportuno; pues la verdad, no sé si en otros lugares pero en España no tienen nada que ver.

 

Justo ayer estuve en una, y créanme según los cánones establecidos por Hollywood ésta fue una hecatombe. La novia, que llegaba llorando a la Iglesia en una flamante carroza arrastrada por dos caballos, ¡llegó antes que el novio!, el pobre llevaba media hora dando vueltas por el pueblo ya que ella le había dicho que se retrasaría un poco y al final él fue el que llegó el último. Poco antes, las fotos que se habían previsto en la residencia del novio no se pudieron realizar porque unos amigos de Ciudad Real se habían quedado literalmente tirados en un tren antes de la llegada. El padre del novio tuvo que irse a recogerlos y el fotógrafo decidió que no esperaba más y se fue. Además, el niño que llevaba los anillos, con a penas dos añitos, entro llorando a lágrima viva con la mano en la boca, rompiendo el canto del coro celestial que recibía a los novios. Después les tocó el turno a los protagonistas: primero fue él, que en el momento de decir: “Yo te quiero a ti Raquel…”pues se le olvidó decir el nombre de ella y se trabó (los nervios, claro), y a ella le hizo tanta gracia que empezó a reírse de tal manera que el sacerdote no podía continuar. Luego, el niño de los anillos, llegado al momento, se cayó  de morros y aún no sé como no se partió la crisma… esto sólo para que se hagan una idea del ambiente que se respiraba.

 

Esto me hizo plantearme que realmente las bodas son angustiosas, nunca he preparado ninguna, pero sólo de pensarlo ya me agobio. Tienes que encontrar tu traje, el tocado, cita en la peluquería, manicura, maquillaje…todo para ser la más guapa ese día; luego comprar los regalos, las flores de la iglesia, si contratas un coro, las mesas de los invitados, el lugar del banquete…y cientos de miles de cosas para que en un único día todo termine. Así que básicamente nuestro modelo de felicidad se basa en esforzarte mucho durante mucho tiempo y gastarte cuanto más dinero mejor…si cumplimos esta premisa todos los invitados estarán contentos y habremos creado una boda preciosa, pero si no prepárate, porque entrarás por la puerta grande: “madre mía pero que traje lleva, no me gusta lleva demasiados volantes”, “el menú era horrible, estaba todo frío”, “hizo el banquete en el antro ese, si llega a hacer una paella casi mejor”, “y el detallito…¡un vulgar tarro de miel!”…vamos que te ponen de vuelta y vuelta mientras te sonríen cual arpías.

 

Además, por si no te has gastado suficiente dinero, llega la luna de miel, donde los novios ahora ya esposos, se van a disfrutar de su reciente estrenada condición de casados. Eso se debe de hacer rápido, no debe transcurrir más de una semana entre la boda y el viaje porque si no los billetes de avión se traspapelan con los papeles de divorcio. Así pues, antes los novios se iban algunos días a las ciudades importantes, algunos ni salían de España, Londres, Madrid, París…pero los tiempos han cambiado, ¿Qué clase de persona eres si no te vas a miles de quilómetros de tu lugar de residencia? Está claro que si no cruzas el Atlántico, no eres normal. Lo que se lleva es irse a los EEUU, irse a las Maldivas, o al Caribe y estar doce o trece días, sólo así demostraremos que nuestra felicidad es verdadera.

 

El problema viene a la vuelta cuando todo deja de ser bucólico y acogedor, regresas a tu ciudad y tienes un préstamo para pagar el día más grande de tu vida (y tanto, ni se te ocurrirá gastarte en un día esa cantidad de nuevo) y tu vida hipotecada para tener un piso medio decente en el que vivir. Así somos los españoles señores, fardamos, nos pasamos y no nos importa apechugar toda la vida con eso…un día es un día, mañana ya veremos…

 

 

 

Categorías: Uncategorized

0 responses so far ↓

  • There are no comments yet...Kick things off by filling out the form below.

Deja un comentario