Las revistas de mujer deberían prohibirse. Al menos aquellas en las que no aparecen morenazos desnudos. Es decir, todas. Porque lo gracioso es que en las revistas de mujer los morenazos no aparecen por ninguna parte, ni los rubios, ni tampoco los pelirrojos. En las mal llamadas revistas de mujer aparecen, por muy paradójico que resulte, mujeres desnudas. ¿Y para qué? ¿Por qué? Para hacérnoslo pasar mal a las lectoras terrícolas, por supuesto. ¡Las comparaciones son odiosas! En las revistas de mujer es la mujer quien asesora, recomienda, aconseja. ¿Con qué fin? ¿Gustarte a ti misma? ¡Qué va! ¡Para gustarle a Él! Es la mujer la que critica a otras mujeres, la que las destripa, opina sobre ellas y juzga sus actos, su forma de pensar o simplemente de andar por la calle. Las revistas de mujeres están escritas por mujeres-lobo, mujeres atrofiadas, abnegadas y machistas que sólo buscan contagiar al resto del género con su simplicidad y convencer de que el patriarcado y el dominio fálico deben prevalecer. Por los siglos de los siglos. Lo peor de todo es que lo hacen tremendamente bien. Cuando acabas de ojearla, leerla o memorizarla eres una mujer nueva: subyugada, acomplejada y muerta del asco, a la que urge huir de sí misma. El público objetivo de esas harpías y de sus chulos, son las mujeres débiles emocional e intelectualmente que al cerrar la revista son plenamente conscientes de sus carencias, de sus excesos, de sus imperdonables defectos, de lo insulso y aburrido de su vida. Mujeres como tú. Y como yo. Todas queremos huir de nosotras mismas. Huir, huir, huir, huir. Y para eso hay que reordenar las prioridades.
En la cima de la jerarquía está mi aspecto. Tengo que velar por mi piel y prevenir la llegada de las arrugas que aún no tengo. La perfección pasa por un fondo de maquillaje Lancôme, unas pestañas telescópicas, unos labios al rojo vivo y un poco de Chanel Mademoiselle. Necesarias son la depilación total por láser, unas extensiones de cabello natural como las de Eva Longoria, un blanqueamiento dental, un peeling químico -aunque no sepa qué mierdas es- y diez uñas postizas. En el exilio han quedado la celulitis, las hipotéticas varices, las estrías, las pecas, los granos y las manchas. He de ir de excursión al quirófano tantas veces como sea necesario, pero con la mentalidad de que no es una opera-ción sino una inversión a corto plazo. Con mi cuerpo también puedo especular. Así, y sólo así, conseguiré
- que mi marido aún me desee
- que si mi novio me pone los cuernos no sea porque yo no estoy lo suficientemente buena, sino porque es ciego, además de gilipollas
- ligarme a Olivier Martinez
- en defecto de lo anterior, encontrar un chico bueno, dulce y cariñoso que guste a mi familia.
El siguiente paso para huir de mí misma es ir a la moda. Mi armario y todo lo que hay dentro se lo llevan los del rastro. Prescindo de medio cuarto de baño para montarme un vestidor. Consigo las prendas de la temporada por Internet o con la impagable ayuda de un asesor de imagen. Como las modelos, actrices y famosas, estoy sexy las veinticuatro horas del día y llevo en el bolso barritas de muesli. Visto cómoda pero sensual, sofisticada aunque sencilla, urbana y hollywoodiense, un poco a lo Audrey Hepburn, un poco a lo Kate Moss. Soy, en fin, una mujer distinta.
Adiós al tabaco. Alcohol, cafeína y kebabs sustituidos por la soja, la potomanía y las malas hierbas. Lo logro en tiempo récord porque estamos en abril y ya hay debería haber empezado -hace tiempo- con los prolegómenos de la dieta del bikini.
Abandono mi casa, tan pequeña y neutra, para mudarme a un loft madrileño. Lo decoro en plan minimalista -nada de Ikea- y los baños se los encargo a Porcelanosa. Una vez logrado eso, celebro una fiesta de inauguración; pero como las mujeres, ya se sabe, somos competitivas, cínicas, envidiosas y manipuladoras, no invito a ninguna de mis amigas.
No me olvido, pese al ajetreo diario de mi vida, de tomarme la píldora anticonceptiva y tampoco de cultivar mi espíritu con la ayuda inestimable de Paulo Coelho, sabio y profeta de nuestro tiempo.
Falta algo, sin embargo, para huir totalmente de mí misma: corregir y mejorar mi conducta y mi personalidad. ¿Cómo? Mediante una terapia innovadora que me proponen mis amigas de la revista: la grafoterapia. Como la escritura manuscrita refleja nuestra realidad psicológica, emocional y fisiológica, lo que se consigue mediante la grafoterapia es reeducar la escritura de aquellas letras que no sean del todo claras o legibles. Si soy capaz de corregir eso, mejoraré mi conducta y mi personalidad. Mucho trabajo por hacer; no hay tiempo que perder. Necesito acabar cuanto antes con mi terrible conflicto interior y poder gustar a los demás, digo, a mí misma.






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Eva Longoria » mujer vs. Mujer // Abril 26, 2008 en 5:50 pm
[...] Las últimas mujeres wrote an interesting post today on mujer vs. MujerHere’s a quick excerptNecesarias son la depilación total por láser, unas extensiones de cabello natural como las de Eva Longoria, un blanqueamiento dental, un peeling quím… [...]
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